January 21, 2011
"No quería portarme mal con Jerry. Lo que quería era saber que podía salir y entrar cuando quisiera, tener una sensación de plena libertad. Y, además, como ya había leído todos los libros de la casa no menos de un par de veces, la cosa se ponía bastante aburrida durante las ausencias de Jerry: un montón de tardes vacías y noches solitarias. De mis lecturas había extraído la conclusión de que estando aburrido, puede uno hacer cosas terribles, cosas que siempre cuestan algún grave disgusto. De hecho, si las hace uno es precisamente para eso, para llevarse un disgusto, y dejar así de aburrirse"


Sam Savage

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posted by Tamaruca at 12:01 PM | 4 comments
January 28, 2009
Alcanzó la verja del jardín. Empujó con cuidado el cerrojo y, por vez primera desde que vivían en aquella maldita casa de alquiler, el embellecedor no cayó al suelo aplastándole el dedo gordo o con un ruido ensordecedor. Subió las escaleras orgulloso de sí mismo y miró a través de las cristaleras del salón. Allí estaba ella, acurrucada en una esquina del sofá y aferrada a un libro, con una sonrisa de oreja a oreja.

- ¿Y esa cara de boba? -preguntó.

Ella le tendió su lectura. El consuelo. Anna Gavalda. Quinientas cincuenta y ocho páginas. Pues vale.

- Qué pasa, ¿es bonito o qué?
- Mucho -respondió encantada-, me chifla esta francesita. Necesito que me ayudes, por cierto. Deja eso en al estantería y ven a echarme una mano.

Depositó el libro en una de las baldas y la siguió hasta la galería. Siempre se le ocurrían juegos de palabras al respecto de la expresión "echarle una mano" pero la experiencia le decía que mejor evitar las bromas a lo Benny Hill si no quería que pasase demasiado tiempo sin echar nada.

- Se ha estropeado la lavadora -le explicó en susurros-. El tambor no gira. He llamado al técnico y me ha dado largas, igual hasta dentro de un mes estamos kaput.
- Oh -dijo él. Y enseguida empezó a preocuparse. ¿Qué demonios pretendía que hiciera con esa información? ¿Que esperara al de Fagor a la salida del trabajo y le amenazara? ¿Que girara él mismo el tambor?
- Así que, ¡se me ha ocurrido una idea genial!

Mierda...

- Emm... ¿Qué... ¿Qué idea, cariño?
- Shh... Habla bajito que pueden pillarnos los vecinos de al lado... Verás, la casa de enfrente está vacía y tienen una lavadora nueva en la galería.
- Si... Pero, esto...
- Así que lo que vamos a hacer es lo siguiente: tú saltas el muro, yo te lanzo la ropa sucia, el detergente, el suavizante... et voilà!
- Pero Tam, ¡qué dices! ¿Y si no hay luz?
- Ya he pensado en eso, ¡jijiji! -se agachó y le mostró ufana una alargadera.
- Bueno, bueno. Pues nada. Ya veo que el plan es perfecto...
- El único peligro es que salgan los del adosado de la izquierda así que, ya sabes, ¡silencio absoluto!
- O que vuelvan los dueños de la casa vacía, o que no haya agua, o que...
- ¡Shhh!

Resignado se acercó hasta el muro, dio un pequeño salto y empezó a trepar. Ella observaba muy seria y callada la escena. Primero él se dio un cabezazo contra la caldera, luego se le salió una zapatilla, después se clavó el enchufe en los riñones y cuando, desesperado y con el rostro ligeramente amoratado trató de pasar las dos piernas al otro lado, se le quedaron atascadas a mitad, dibujando una forma rarísima, así como de uve doble...

- Ostras Jorge -exclamó ella al fin- no sabía que tuvieses problemas tan graves de flexibilidad...

Jorge bufó.

- ¡Anda, tírame eso rápido!

A partir de ahí la operación fue un éxito de sincronía y eficacia. La máquina de los vecinos fue su aliada perfecta; dejó las prendas impecables y con un intenso aroma a suavizante Hiper Dino. No sabían cuando se dignaría el técnico en aparecer por aquella isla pero, de momento, sabrían arreglárselas...

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posted by Tamaruca at 4:32 PM | 30 comments
January 9, 2009
Bobby Kennedy asiste junto a su esposa a la fiesta organizada por el partido demócrata, pero JFK está solo. Jackie no ha venido. [...] Tras una larga espera entre bastidores durante la que Lawford tiene que improvisar unas palabras, Marilyn surge de la oscuridad, titubeante, como una llama azulada, enseñándolo todo. Embutida en su vestido, sale a escena con pasos de geisha, como si se avergonzara de esas curvas ofrecidas a los miles de espectadores. Lawford anuncia a the late Marilyn Monroe. [...] La masa ríe en la oscuridad. Marilyn ha puesto en práctica la promesa que le hizo a Truman Capote: llegar tarde a su propio funeral. Entorpecida por el vestido blanco, se tambalea un poco sobre los tacones de aguja, acaricia el micro con la punta de los dedos, señala al Presidente en algún lugar en la penumbra, cierra los ojos, se pasa la lengua por los labios y empieza a cantar.

Le dio miedo esa voz de pena que oía salir de ella, ese aliento marchito, esa articulación entrecortada. Sus palabras se convertían en caricias de aire y de placer que su boca dejaba escapar. A medida que pasaba el tiempo, su interpretación cada vez estaba más cargada de sexo.



No volvió a ver a John Kennedy. Después de esa noche, el Presidente decidió romper con Marylin y negar los rumores que empezaban a circular sobre su relación.

Últimas sesiones con Marilyn, ensayo del psicoanalista Robert Schneider.

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posted by Tamaruca at 8:14 PM | 15 comments
December 17, 2008
Lo vi por el rabillo del ojo. Apenas unas décimas de segundo. Nadie lo notó. Ni siquiera Jorge, que caminaba conmigo de la mano. Seguí andando deprisa.

Doce noventa. Doce noventa son trece. Bueno. Pues trece. Trece y qué. Trece es poco. Trece no es nada. Trece no soluciona factura fontanero. Trece no anula hipoteca.

Frenazo en seco.

Volví atrás sobre mis pasos y me paré justo enfrente. Esta vez lo observé con descaro. Delgado y discreto. Camisa en tono neutro, marrón mate. Y sin embargo me atraía. Intensamente. Con la misma fascinación que me provocan las mujeres hermosas que intentan en vano pasar desapercibidas, que tratan de disimular sus bellas formas con ropas amplias, o que recortan y recogen su cabello, generalmente oscuro y ondulado. Ingenuas. El efecto es justo el contrario.

- Tam, ¿qué haces? Llegamos tarde.
- Un momento.
- Pero, ¿otro libro? ¿Otro más?

Creo que le respondí "es pequeño" o "es marrón" o algo similar. Cogí el último del montón -ya saben, el inicio del ritual- y salí disparada hacia el mostrador.

Apenas mi nuevo ejemplar descansó unos segundos en la bolsa de la tienda. Envidio la capacidad de algunas personas para eso que de modo tan vibrante expresa Clarice Lispector en su cuento Felicidad clandestina: ser capaz de postergar los momentos, de demorar y alargar el roce suave de la felicidad. No es mi caso. Yo soy una depredadora.

Tiré la bolsa. Abrí el libro por la mitad y lo olfateé sin pudor. Allí, en medio de la estación, entre la gente. Le arranqué la camisa, un envoltorio incómodo pintarrajeado -porque a eso no lo puedo llamar dibujado, ya me perdonará la autora- por Nadila y Nada más, la protagonista -¿O por Natalia Carrero? Es que yo no sé-. Y leí. Leí y leí de un tirón hasta que terminó el primer capítulo.

- ¿De qué va? -preguntó Jorge.

A lo mejor me había preguntado antes otras cosas pero, con franqueza, debo confesar que no me habría enterado. Ya saben, el trance.

- De una caja.
- ¿De una caja?
- Sí. De una caja. Con bolígrafo, eso sí.

Y sonreí. Estaba excitada. Algo me decía que esa lectura me iba a dar mucho en que pensar, mucho que replantearme, mucho sobre lo que dudar. Algo me decía que me iba a dar mucho a secas.


Y no. No me equivoqué. La puñetera Nadila tenía la llave de esas puertas que tanto temo abrir.




Gracias.

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posted by Tamaruca at 10:43 PM | 35 comments
December 10, 2008
Cuando abrí los ojos a la mañana siguiente, la habitación seguía dando vueltas. Me incorporé lentamente y apoyé los pies en el suelo. Nada. El temblor también persistía así que opté por volver a esconderme bajo el edredón y murmuré:

-Jorge, se acabó. Hoy no pienso hacer nada. Y cuando digo nada, es nada. Como mucho me desplazaré de la cama al sofá, cogeré alguna novela o miraré la televisión. Pero nada más. Nada.
- Zzzz... io..tmpco...zzzz...

Deduje él también estaba agotado. No me extraña. Nuestra jornada previa había consistido en: madrugón a las 5:00 de la mañana, cruzar en coche Fuerteventura de sur a norte para coger el ferry en el puerto de Corralejo, viaje en barco hasta el puerto de Playa Blanca en la isla vecina, cruzar Lanzarote hasta llegar a su capital, Arrecife, entrevista laboral, gestiones varias (a todo correr para volver a tiempo al ferry), de nuevo cruzamos Lanzarote hasta el puerto, de nuevo viaje sobre el Atlántico hasta Corralejo en Fuerteventura, cruzamos la isla de norte a sur esta vez, carrera hasta el aeropuerto para facturar maletas, carrera hasta el aparcamiento para devolver el coche de alquiler, carrera para embarcar en el avión hacia Madrid, última llamada a los pasajeros del vuelo... y aún nos dio tiempo de comprar varias colonias de regalo, tres horas de turbulencias sobre el océano, pugna por un taxi en el aeropuerto de Barajas, el taxi por que el que peleamos se pierde por la capital y tarda una hora en llevarnos a nuestro destino, recuperamos al fin nuestro coche y...

Ya sólo quedaban tres horas de autovía hasta Zaragoza.

Bueno. Llegábamos a casa cerca de las dos de la madrugada. Créanme si les digo que, después de estar tantas horas desplazándonos a toda velocidad sobre vehículos con mayor o menor movimiento, al pisar "tierra firme" la sensación que teníamos era de ¡que el suelo vibraba! Al tumbarnos en la cama, el piso empezó a girar y girar, a dar vueltas y más vueltas... Jorge se durmió en el acto, pero a mí me resultó imposible. Pensaba que me iba a caer de la cama en cualquier momento.

Por eso al día siguiente, nos convertimos en marmotas. Toda la mañana en la cama. Toda la tarde en el sofá.

- ¿Vemos una peli? -preguntó desde la otra esquina del sillón mientras engullía algo con nocilla.
- Vale -respondí escondida tras las tapas de "Solsticio de invierno" una novela de Rosamunde Pilcher -, elige tú.

¿Elige tú? ¿Elige tú? ¡Qué dices, Tam! ¡Rectifica! ¡Rectifica! ¡Rápido!

- ¿Vemos Star Wars? Tschun, chun, chun, chun, chuchún, chun, chuchúnnn...
- Emm... -horror-Pues... -no escarmiento- ¿Esa no las has visto ya cientos de veces? ¿No hay otra opción?
- Bueno, pues vemos Driven.
- ¿Driven? -¡socorro!
- Sí es de coches. Sale Stallone.
- Venga, ponla -¿quién tiene fuerzas para discutir hoy?

Y la vimos.

Indescriptible.

Lo trágico es que no me quejé porque eso habría supuesto tener que levantarme del sofá, discutir con Jorge, elegir otro DVD y cambiarlo.

Un esfuerzo demasiado grande.


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posted by Tamaruca at 6:27 PM | 25 comments
September 29, 2008
Busqué la página quince del anexo tres del presupuesto modificado por séptima vez. Comprobé las diecienueve cifras que miden espesores, las diecinueve que dictan porcentajes de carbono en la composición, las diecinueve que ajustan volúmenes, diámetros, alturas, las diecinueve que controlan la presión, temperatura, humedad, densidad, etc. Una vez contrastados estos datos, repasé las cuentas con la calculadora para evitar cualquier posible error decimal. Finalmente pulsé el botón que activa la impresora y dejé que los ciento doce folios se apilaran poco a poco en la bandeja de salida.

Me gusta trabajar en silencio.

Pues no. No ha sido posible. El proceso descrito habría resultado igualmente tedioso, lo admito. Pero no. No estaba de acuerdo conmigo el cliente en este punto así que, mientras yo trataba de aislarme para no cometer ningún fallo en el contrato, él no paraba de comentar lo luminosa que era la oficina, lo acogedora que resultaba la sala de juntas, explicaba con pesar lo incómodo que era el sillón de su despacho, sus problemas de lumbalgia, problemas de falta de comunicación con su hijo el pequeño, se interesaba por mis años de facultad, le admiraba mi afición por viajar y aprender idiomas, quería saber cuantos años llevaba trabajando en esto, el lugar donde había adquirido mi portátil y si el color de mi cabello era natural.

Y entonces me acordé de un párrafo genial de la segunda novela de Mark Haddon:





Ocupaban mucho espacio. Ese era el problema de los hombres. No se trataba tan sólo de las piernas espatarradas ni de pisar fuerte al bajar las escaleras. Era la exigencia constante de atención. Sentarse con otra mujer en una habitación significaba que podías pensar. Los hombres tenían esa lucecita parpadeante en la coronilla: "Hola. Soy yo. Sigo aquí"

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posted by Tamaruca at 10:28 PM | 46 comments
September 24, 2008
En cuanto llegué a la oficina, llamé a Jorge a casa.

- Hay una pintada de spray rojo de 1 x 4 metros decorando la escalera de la comunidad, en todas y cada una de las plantas, hasta el 5º. Ahí debió de agotársele la pintura al imbécil. O eso, o algún vecino salió de casa y lo pilló in fraganti.
- ¿Qué? Anda ya.
- Pone KURbAROYA, en letras rojas gigantes. No cojas el ascensor, baja andando y lo verás.
- No te creo. Espera que lo miro y vuelvo.

Transcurrieron algunos minutos antes de que volviera a escuchar su voz a través del auricular.

- Qué fuerte.
- Pintar esta escalera calculo puede costar mínimo 10.000 € a precio de amigo. Estoy rabiosa desde que lo he visto. Si la presidenta no me odiase habría ido a su casa para avisar al administrador, la policía o qué se yo. ¿Quién habrá sido? ¿Esto es denunciable? Si descubriésemos al autor, ¿pagaría él la pintura? ¿Qué significará KURbAROYA? ¿Por qué esa "b" en minúscula? Lo que está claro es que es algún vecino, eso seguro. ¿Sigues ahí, Jorge?
- Qué fuerte.

Pensé que sería buena idea dejar que se le pasara el shock. Colgué y traté de concentrarme en el presupuesto que debía corregir; sin embargo, no logré dejar de darle vueltas al misterio del graffiti colorado. Al cabo de un rato, Jorge llamó.

- Oye Tam...
- Dime.
- ¿Por qué dices que ha sido algún vecino?
- Porque ha empezado a pintar de abajo a arriba. Eso sólo lo hace alguien que tiene la certeza de poder esconderse en su casa. Si fuese alguien de la calle que se ha colado, habría empezado en el sexto y habría continuado hacia abajo, para asegurarse la huida en caso de complicaciones.
- Lees demasiados libros de Agatha Christie.
- En vez de meterte conmigo, ¡podías ayudarme! ¿No se te ocurre nada?
- ¿Sabes que "KURbA" en rumano significa puta?
- ¿Ah sí? ¿Estás seguro?
- Sí. Me sé tacos en todos los idiomas -respondió él ufano.
- Pero no hay ninguna vecina que se apellide "ROYA" -espeté-. Lo he comprobado en los buzones. Debe significar otra cosa.
- Pues...


En este punto de la investigación, nos hemos bloqueado. Necesitamos ayuda. ¿Alguno de ustedes podrían arrojar algo de luz sobre este asunto? ¿Alguna idea luminosa que compartir?

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posted by Tamaruca at 8:58 AM | 26 comments
September 10, 2008
Cada cierto tiempo, mi hermana y yo intercambiamos música y lecturas. Es esta una costumbre a la que profeso mucho cariño desde niña y que comparto con muy poquitas personas.

- Hola Tam, ¿qué haces? -nuestras voces a través del teléfono suenan exactamente igual, es un efecto sorprendente-. Salgo de trabajar en media hora y paso por debajo de tu casa con el coche. ¿Aprovechamos y me bajas los libros? ¡Pero rápido, que ahí no puedo aparcar!
- ¡Vale! -respondí a mi misma voz-. Te esperaré en el portal.

Comencé a seleccionar para ella mis lecturas favoritas de este verano. La biografía de Joaquín Sabina, "La joven de la perla" y "La dama del unicornio" de Tracy Chevalier, "Tokio Blues" de Haruki Murakami y por último, uno que me tocó el alma: "La elegancia del erizo" de la francesita Muriel Barbery.

Bajé al rellano con mis libros y un disco de Dire Straits, una pequeña joya que reapareció en la mudanza. Los extendí con cuidado en el mostrador de la portería y fui metiendo en cada uno, a modo de marcalibros, una de mis postales de colección; en este caso, imágenes de actrices de los 50.

Tan ensimismada estaba con una labor para mí tan placentera, que no oí entrar a la presidenta de la comunidad, una señora enjuta de pelo canoso, gafas doradas y modales dudosos.

- ¡Quita todas esas porquerías de ahí! -gritó mientras pulsaba el botón del ascensor con su bastón-. Venís los nuevos avasallando, ¡esto no es un top manta! -apostilló.

La observé atónita entrar en el ascensor. Sus movimientos eran tan ridículamente airados que me resultaron cómicos. Estiró tan fuerte de la puerta que se golpeó a sí misma en la cara y se le torcieron las gafas. Seguí mirándola boquiabierta hasta que la luz del ventanuco alargado desapareció hacia los pisos superiores.

Dios castiga sin palos, pensé. Y me puse a canturrear.

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posted by Tamaruca at 8:44 PM | 51 comments
April 16, 2008

Leves molestias padecidas a lo largo de la mañana -por favor, clemencia, que alguien se apiade de mi alma y mate al alien que se está comiendo mis ovarios- me impulsan a llamar por teléfono a la gestoría y posponer la cita que habíamos acordado para esta tarde.

- Hola Samuel, soy Tam. ¿Cómo estás?
- La locura hasta el día 20. ¿Qué tal vas tú?
- Idem.
- Esta tarde te veo, ¿no?
- Pues resulta que por eso te llamo. ¿Te va muy mal si en vez de pasarme hoy acudo mañana a primera hora? Antes de que empieces a recibir gente, para no incordiarte mucho. Total, como sólo es recoger la carpeta que me has preparado...
- Bueno, vale. Yo estaré aquí desde las 8. Pásate cuando quieras antes de las 9:30 y te explico todo en un momento.
- ¿Me has calculado también lo del crédito? ¿Cuánto me va a tocar pagar cada mes?
- Sí.
- ¿Te acuerdas de cuánto es aproximadamente? Por no llevarme todo el susto mañ...
- Lo tengo aquí, te puedo decir la cifra exacta. Serán... Supertropecientos euros con tropecientos céntimos durante tropecientos mil años.

(...)

- ¿Tam?

(...)

- Tam, ¿sigues ahí?
- Sí, sisisis... Perdona. Es que estaba fabricando un patronus para luchar contra los dementores.
- Que estabas haciendo, ¿¿qué??


Tsch, tsch. Una lástima que mi gestor no sea fan de Harry Potter. Se ha perdido una metáfora apropiadísima.

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posted by Tamaruca at 4:32 PM | 56 comments
April 7, 2008

Le pareció escuchar algo. Bajó el volumen del televisor y prestó más atención. Sí. Venía del dormitorio. Y sí. Era una carcajada.

- ¿Tam?

Pero no obtuvo respuesta.

- ¿Tam? ¿Me llamabas? ¿Estás hablando por teléfono o algo?

Silencio. Más risas. Decidió apagar la televisión (la una de la madrugada de un domingo ajetreado es una hora prudente para ir a descansar) y abandonó despacio el salón. Al llegar a la habitación, comprobó que ella seguía riendo con la nariz metida en un libro de tapas naranjas.

- ¿Qué lees ahora?
- Factótum, una novela autobiográfica de Bukowski. Es un buen contraste después del último de Harry Potter. Toma -dijo ella señalando con el dedo un párrafo concreto-, este capítulo a partir de aquí. Es buenísimo. Me parto con la tal Martha, una prostituta alojada en la pensión de mala muerte donde convive con el protagonista. Le tira los tejos sutilmente. Es una romántica. Mira, empieza aquí.

Jorge se metió en la cama y leyó:

"Si me corro, pensé desesperado, nunca me lo perdonaré.

Mientras me doblaba para tratar de apartarla de un tirón en el pelo, ella me agarró otra vez los huevos y los estrujó sin contemplaciones. Sus dientes parecían tijeras en mitad de mi polla, como si quisiera cortármela en dos. Pegué un alarido, solté su pelo, caí de espaldas. Su cabeza subía y bajaba incansable. Estaba convencido de que la chupada podía ser oída en toda la pensión.

- ¡No! -chillé.

Persistió con inhumana furia"

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posted by Tamaruca at 9:43 AM | 33 comments
March 7, 2008

Tengo la estantería llena de vampiros. Ha sido una especie de inundación, colonización, conquista progresiva de estantes, la toma de la Bastilla.

- Uhm... Oye Jorge...
- Dime.
- ¿Por qué entre mis libros de química hay intercalados todos estos de Anne Rice?
- ¿No te has leído ninguno?
- Pues... ¿Debería?
- ¿No te has leído ningún libro de esta mujer? ¡Pero si es genial!
- Bueno... -empiezo a avergonzarme- He visto la película, claro. La de "Entrevista con el vampiro" pero...
- ¿Pero?
- Es que soy muy miedosa yo para estas cosas y ya sabes que luego no puedo dormir con mis insomnios raros.
- No seas tonta, léete alguno y luego me cuentas, ¿vale?
- Vale...

(...)


¿Me los leo? ¿Por cual empiezo? ¿Me recomendáis alguno en especial?

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posted by Tamaruca at 10:18 AM | 44 comments
February 4, 2008
Crucé en cuatro zancadas el andén de la estación de Atocha. Vía 1. Coche 3, asiento 6B. El vagón de tren que me llevaría hasta Zaragoza estaba completo y hacía un calor asfixiante. Me pone de mal humor viajar en transporte público. A cualquiera que mida un metro noventa de estatura y pese 100 Kg le agriaría el carácter levantarse a las 6:00 de la mañana para embutirse en un espacio máximo de un metro cúbico durante más de una hora. Y luego estaba el asunto de las tarjetas. Menudos incompetentes. Ahora era Mauricio Albornoz. Arquiteto. Impreso 400 veces. Con un par.

Me acomodé a duras penas en el asiento de pasillo. Las rodillas chocaban contra el sillón de delante cortándome la circulación, así que opté por abrir las piernas. No fue una buena solución. Además de despertar al abuelo que dormitaba junto a la ventanilla, parecía que yo estaba dando a luz; las ingles me tiraban muchísimo, el calzoncillo se descolocó y pude sentir cómo la etiqueta de aquel estúpido pantalón de traje me arañaba los testículos. El escozor era soportable si y sólo si permanecía completamente quieto. Únicamente así el dolor me daba tregua.

No hacía ni un minuto que había encontrado la posición correcta cuando apareció una chica rubia con botas altas y la nariz metida en una lectura.

- Este es mi sitio -dijo sin mirarme siquiera. La voz atravesó la portada de un libro azul. Había visto aquella novela en alguna parte. El niño con el pijama de rayas. Quizá en algún escaparate, no sé. El tren arrancó y ella seguía de pie a mi lado, con el rostro oculto tras las páginas. Se quitó el abrigo despacio sin dejar de leer. Llevaba unos vaqueros muy ajustados dentro de las botas.

- Perdona, ¿puedo sentarme? -repitió. No sabría explicar el motivo pero me enfadé. Era una creída. Me enferman estas tías prepotentes que van de intelectuales. Me enferman. Por muy altas que sean sus botas. Desencajé el culo de mi silla y me incorporé a regañadientes.

- ¿Estás segura de que es tu asiento? -Nada más terminar de decir esta frase me di cuenta de que me había excedido en el tono. Ella apartó el libro un segundo, me miró fijamente a los ojos y me respondió muy seria.

- Si esto es un concurso para saber quién está de peor humor, apuesto todo a la rubia.

Observé en silencio cómo dobló su abrigo y lo colocó en el altillo sin apartar los ojos de las letras. Se sentó y siguió devorando papel. No me apetecía nada estar cerca de semejante antipática así que caminé hacia el vagón cafetería. Una vez allí comprobé mi billete. 6B. Joder. Ese era mi sitio. Mi sitio. Se iba a cagar. La muy...

- Oye bonita -le espeté-, que te has equivocado. Este es mi sitio -expliqué ufano y en voz muy alta para que todas las personas que viajaban cerca se enterasen-. Mi sitio -e interpuse mi billete entre los ojos de la joven y el texto-. El 6B. Coche 3, 6B.

Ella no se inmutó. Apartó mi billete de su libro como quien espanta una mosca y señaló hacia la puerta. Qué. Qué hay en la puerta. Próxima parada, Guadalajara. Coche 4. Coch...

(...)

Vale. Este es el coche 4 y yo soy arquiteto.

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posted by Tamaruca at 1:15 PM | 58 comments
January 11, 2008
Esta semana he estado sin llaves del piso. Miento. He tenido que utilizar una copia de mi juego de llaves porque el original lo dejé olvidado en Madrid. Esta circunstancia no supondría problema alguno si no fuese porque la puñetera llave del portal se atasca muchísimo y eso, aparte de ponerme de mal humor, me ha generado agujetas indescriptibles en la muñeca.

Precisamente este medio día, cuando llegaba al nº 13 de Lucky Street -sí, sigo en Neighbourhood de momento, esto de las mudanzas va más despacio de lo que uno desearía- he estado varios minutos tratando de forzar la cerradura sin éxito hasta que ha llegado mi vecino Roberto. El del segundo, sí. El aspirante a cantante. La oveja negra por excelencia en nuestra comunidad. Ese.

El caso es que mi maravilloso vecino, gallardo caballero él, ha decidido rescatar a la pobre y desdichada damisela de semejante tesitura y, con su mítica amabilidad, ha farfullado algo así como:

- Aparta, flojucha -dijo mientras abría la verja con prontitud.
- ¡Oh! -respondí con afección- Me has impresionado profundamente, eres inconmensurablemente superior a mí.

Roberto me miró con cara de ajo, frunció el ceño y segundos después, elaboró la siguiente respuesta que, a él, le pareció de lo más inteligente. Se sintió orgullosísimo al apuntar:

- Ah claro, que no me acordaba que eras una feminista radical de esas que no soportan que les ayudes.

A lo que espeté ufana:

- A quien madruga, buena sombra le cobija-y me quedé tan ancha después de soltar mi "refrán inadecuado" y además, completamente inventado.

Subí tranquilamente hacia mi casa pensando que debía dejar de leer los libros de Barbara Berckhan -definitivamente, me ponen peor de lo mío- cuando recordé algo... Sí. Roberto estaba completamente descolocado y me observaba con cara de estupefacción, era el momento idóneo para pedirle algo.

- Me acabo de acordar... ¿No me devolviste los DVD que te presté el año pasado, verdad? Es que me gustaría recuperarlos antes de irme...
- ¿Cuándo te mudas? -preguntó él tratando de ocultar su interés.
- No lo sé.
- Será bueno para mi salud mental.


Para su, ¿qué?

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posted by Tamaruca at 7:24 PM | 43 comments
December 26, 2007
El hostelero, un grandullón de carácter tranquilo y gesto afable, se acercó a la mesa donde aquella chica despeinada se había sentado hacía más de media hora. La cafetería se encontraba atestada de gente, como siempre a esa hora de la mañana, el barullo era ensordecedor; sin embargo a ellos parecía no afectarles. Él, abstraído en sus pensamientos, preparaba creppes y tostadas mecánicamente mientras ella, sentada con las piernas cruzadas en un taburete de la barra, mantenía la nariz pegada a un delgado libro. Se diría que no existía nada ni nadie más alrededor.

- ¿Le pongo algo más, señorita? -preguntó el caballero a la joven mientras retiraba su taza de café- ¿Le traigo la cuenta?

Pero no obtuvo respuesta. Él se quedó observándola durante unos segundos. Ella pasó la última página del libro, lo cerró con cuidado a la vez que un lagrimón resbalaba ágil hasta su barbilla y se sonó la moquita con el puño del jersey.

- ¿Se encuentra bien? -insistió él.
- Perdón -contestó ella azorada- disculpe, no me he dado cuenta de que estaba usted ahí. Tomaré algo más, sí. Un zumo de naranja, por favor.
- Es bonito el libro, ¿eh? -añadió él sonriente- ¿Cual estaba leyendo?
- Novencento. La leyenda del pianista en el océano. Precioso. Soy adicta a los libros de Alessandro Baricco aunque no sé porqué, me dejan hecha polvo.

Y continuó hablando acerca del autor. Él la escuchó mientras preparaba su zumo y varios desayunos más. Ella se acercó al rincón de la barra más cercano a la cafetera y leyó para él en voz alta los fragmentos que más le habían gustado. "Es verdad, ese libro tiene música" adujo admirado.

- ¿Existe algo mejor que un buen relato?
- Un buen relato con música de fondo, claro.




Los desconocidos conversaron largamente acerca de música y literatura hasta que, de pronto, ella recibió un mensaje.

- Tengo que irme -exclamó con los ojos brillantes- alguien me espera.

Y desapareció de inmediato.

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posted by Tamaruca at 3:03 PM | 36 comments
October 22, 2007
Luego me tachan en la mafilia de carecer de sentido del humor, de tener un carácter endemoniado y de algunas cosas más pero, francamente, ni bajo tortura le encuentro la gracia a determinadas ocurrencias de las que he sido víctima.

Por favor, imaginen la siguiente situación: una tarde de domingo tranquila y apacible, me encontraba feliz y relajada tumbada en mi sofá enfrascada en el libro de Adrián Paenza titulado "Matemática, ¿estás ahí?" cuando, de pronto, sonó el timbre del interfono.

- ¿Quién es?
- ¡Tamaruca!
- Hola tato, ¿qué haces en Zaragoza?
- Abre que subo, te doy un beso y me piro.


Estoy acostumbrada a sus visitas exprés, él es como un torbellino. Mi tato sigue viviendo en el Pirineo y es todo un personaje. Dejé la puerta entreabierta y volví a mi lectura. A los pocos minutos escuché como subía refunfuñando y discutiendo con alguien. ¿Alguien más? ¿Alguien que se había encontrado en la escalera o alguien que venía con él? ¿Alguien que me iba a ver en pijama y con zapatillas de osos luminosos?


- ¡Hola caraculo! -exclamó entrando en el salón como una exhalación- ¿Dónde estás, enana? Mira, te presento a Simón. Hala, besaos y esas cosas -dijo mientras le propinaba un leve empujoncito a su acompañante, un grandullón con la cara colorada-. Joder, qué pintas, ¿no? ¿Qué coño te ha pasado en la cabeza? ¡Estás horrible!
- Me he alisado el pelo -respondí abochornada-.
- ¿Por qué? -continuó él con expresión de espanto- ¿Te vas a quedar así con esa cabeza chafada para siempre? ¿Y tus rizos? ¿Ya no se te pasa?
- ¡Claro que se pasa! -grité ignorando al pobre Simón- ¡Cuando se moja, se pasa!
- ¡Ah hostia, pues haber empezado por ahí! -y ni corto ni perezoso, cogió un barreño de agua de la cocina y...










Muy gracioso. Graciosísimo. Ja. Ja. Ja.

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posted by Tamaruca at 1:09 PM | 54 comments
October 14, 2007
Sonia la Roja es la divertida psicoterapeuta de treinta y tantos años creada por Ángela Vallvey en su novela "Todas las muñecas son carnívoras" para analizar a una serie de personajes, la mayoría en calidad de pacientes que se desahogan en su consulta.

Me río mucho con este libro. Me está gustando casi tanto como "Psiquiatras, psicólogos y otros enfermos" escrito por Rodrigo Muñoz Avía.

Copio aquí un fragmento (resumido) de un capítulo que me hizo ayer estallar en carcajadas, a ver que opinan.



"Mi primer paciente del lunes -que recibo a las 8:30 de la mañana- es, como él mismo se denomina, un hombre sensible. Tiene treinta y siete años, y es arquitecto. [...]

Procuro no conmoverme, pero es difícil no hacerlo mientras contemplo a un hombretón de casi dos metros acurrucado en posición fetal sobre el skay gastado del diván, [...]. Es bastante guapo. No sé porqué tiene que llorar tanto.

- Mi madre siempre decía que los hombres no lloran -cierra los ojos y suspira entrecortadamente-. Yo no había llorado hasta que conocí a Estela. Siempre me había comportado como un hombre. [...]

Estela es su mujer. Está embaraza de cinco meses. Según me ha contado Joaquín, en los últimos tiempos el sexo brilla por su ausencia [...]. Quizás eso sea lo que está desquiciando a Joaquín, pero yo no puedo decírselo, tiene que averiguarlo él mismo. [...]

- Yo... -continúa con voz profunda pero temblorosa-, yo he hecho todo lo que he podido por ser el hombre que Estela quería que fuese. Por ser un hombre sensible. Antes de quedarse embarazada decidí que no era justo que ella tuviera la regla y yo no supiera lo que era esa maldita molestia. En cuanto ella empezaba con el síndrome premenstrual, me comía un melón, porque el melón me resulta indigesto y me duele el estómago si lo pruebo. Y luego me ponía una de sus compresas"




No sé si lanzar un reto a todos los hombres sensibles de la blogosfera para que hagan la prueba también y nos relaten sus experiencias en primera persona o mejor fingir que no he leído nada y borrar esta extraña imagen de mi memoria. No sé. Todavía no me he decidido. ¿Me ayudan?
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posted by Tamaruca at 9:30 PM | 67 comments
September 27, 2007
Sobre el sofá, la montaña de ropa pendiente de lavado y planchado. Sobre la alfombra, varios pares de zapatos. En medio del salón, descansando sobre la bicicleta estática, la maleta abierta se había convertido en la diversión sin límites del gato; saltaba dentro y fuera con entusiasmo y, de vez en cuando, se escondía en el bolsillo lateral y asomaba su cabecita entre la ropa interior.





Desde mi posición, veía a mi vecina del revés y me divertía. Los pies en el techo y la cabeza colgando mientras dejaba algo en la estantería. En realidad Ana no estaba desafiando la gravedad, era yo la que me encontraba bocabajo: me gusta sentarme del revés en el sillón azul, con las piernas hacia arriba y la cabeza cerca del suelo. Pienso mejor.

- ¿Me das un regaliz? -dijo Ana cuando volvió al salón- Qué alta tienes la música... Estás comiéndote el coco con algo, seguro.
- Ya ves...
- Te devuelvo La conjura de los necios que ya me lo he terminado -comentó Ana a la vez que cogía un puñado de chucherías de mi bolsa-. Tenías razón, es genial. ¿En qué piensas?
- Cosas...
- Te he dejado uno de Bukowski en la mesilla que te gustará -mi vecina se sentó en el suelo, abrió una coronita y me miró con su habitual seriedad-. Qué cosas piensas, di.

- Mmm... ¿Tú crees que alguien como yo sería capaz de vivir en una casa bonita, de estas como de diseño, llevar horarios fijos, adaptarse a una rutina al lado de una persona buena y ordenada... en fin, ese tipo de vida?
- No -respondió tajante-.
- ¿No?
- No -y eructó-. Inviable.
- ¿Inviable?
- Sí. ¿Qué ibas a hacer con tus manías? La bici, música a tope y horas escribiendo, los patines por el parquet, torres de libros, tus bichos, los helados de galleta... Y necesitas demasiado espacio, sólo para guardar tus zapatos un armario entero. Espacio físico y del otro. No sé, eres demasiado a tu bola, tiene que ser alguien tan excéntrico como tú, alguien como Andr...

No terminó la frase. Bebió un sorbo de su botella y se metió de vez tres osos de gominola en la boca.

- Peddona Tam. Me he pazado, do ziento.
- Nah...




Para Carlos, el autor del dibujo.
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posted by Tamaruca at 5:20 PM | 68 comments
September 19, 2007
Las puertas automáticas se abrieron en el número trece de Lost Street. Un apuesto caballero de ojos verdes y enorme nariz, entró inesperadamente en las oficinas y se dirigió con paso seguro hacia el mostrador de recepción. La señorita que atendía, una joven despeinada y con las gafas sucias, no se percató de su llegada; comía pistachos inmersa en la lectura de El ocho.

- Hola, buenos días -saludó el caballero-.
- Buenas noches -respondió la joven sin apartar la vista del libro-.
- Venía por el anuncio del periódico.
- ¿Cual de ellos? -preguntó ella contrariada.
- ¿Había varios?
- Sí -dijo al fin observando al tipo elegante y preguntándose qué demonios hacía allí alguien como él-. Hay dos puestos vacantes: la Lotería y la Fuerza de voluntad.
- Imposible. Esos llevan artículo "la" y creo que me sentiría más cómodo con un "el" -agregó convencido-, por ejemplo, el Capitán.
- Ese puesto ya está cubierto -informó ella rápidamente- ¡¡bsss bssbssbsss!! ¿Capitaaán? ¡¡Capiii!!





Un gato siamés con la cola retorcida apareció contoneándose y se sentó entre los pies de ella.

- ¿Lo ve? El Capitán es el gato.
- Unos zapatos preciosos -alegó el caballero observando los pies de ella, ignorando al felino y acercándose a la recepcionista-. Unos tobillos preciosos, de hecho -añadió mientras la tomaba por la cintura y la besaba tranquilamente, como si hubiera estado haciéndolo toda su vida-. Señorita, contrólese por favor, qué falta de profesionalidad... Volveré mañana si promete no acosarme.

La señorita reanudó su lectura como si nada mientras miraba disimuladamente cómo aquel tipo extraño trataba de abandonar el edificio, saliendo por la puerta de un armario.

- Por la otra -dijo ella con sorna-. Eso es un...
- Lo sé, lo sé -masculló él-. ¡Qué estupidez!

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posted by Tamaruca at 10:02 AM | 58 comments
September 10, 2007
¿Puedes quedarte con él este fin de semana? -preguntó mi prima. Claro -respondí. ¿Estás segura?- continuó ella con voz preocupada. Me encantan los críos, no puede ser tan horrible. Las claves son: sandwich de jamón y queso -dijo ella- puré de patata y petit suisse de plátano. Genial, ¡gracias!

Y así fue como Rodrigo, un niño de seis años y medio aterrizó en el nº 13 de Lucky Street.

Debería sorprenderle con un regalo -pensé. Me olvidé de comprar pan bimbo pero le traje un libro precioso. Se titula "Gerónimo Stilton en el Reino de la Fantasía" y tiene olores. Sí, olores. Rascas las páginas y puedes descubrir como huelen las hadas, los duendes, las sirenas, los dragones... La gracia está en encontrar aroma embriagador (huélase ninfas danzando) o tufo apestoso (huélase pedo de troll).

El caso es que a mi sobrino le pareció divertidísimo que un libro oliera a pedo. Me dejé engañar cuando me enseñó la página marcada. Huele aquí, Tam, huele, huele; pero respira fuerte -me dijo (apunta maneras de cabroncete, debe ser el aire de mafilia). Fingí que aspiraba con energía el apestoso olor del troll. ¡Cof cof! ¡Puaj, qué mal huele! ¡Me muero intoxicada, puaj! -¿les he dicho que me encanta hacer teatro?. Él reía a carcajadas.

Repitió la operación con la cueva del dragón. ¡Buaah, qué asco! ¡Cof cof! ¿Me has vuelto a engañar? -simulé. Él reía a carcajadas.

De nuevo la misma escena. Esta vez les tocó a los hombres lobo. Empezaba a cansarme toser de mentira. Él reía a carcajadas.

Cuando se acabaron todos los malos olores, Rodrigo volvió al inicio del libro y trató de engañarme por octava vez con el aroma del fango. Comencé a preocuparme. Mientras que sus carcajadas no perdían ni un grado en la escala de intensidad, yo estaba más aburrida que un bivalvo. Era como vivir en una realidad paralela de risas continuas y aplausos, de ojos brillantes observando atentos, despiertos, traspasándote.

Y empecé a plantearme si de verdad mi sobrino era un niño o no. Hum. Lo más probable es que fuera un androide perfecto, como David en "Inteligencia Artificial"


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posted by Tamaruca at 8:01 AM | 52 comments
August 16, 2007
Pasea despacio entre las altas y colmadas estanterías. Se siente bien en ese lugar. Siempre encuentra paz en las librerías. No busca ningún ejemplar en concreto, sólo está disfrutando. Sólo se deja fluír.

No se ha dado cuenta pero se ha aferrado a un par de libros. Ha leído la contraportada, hojeado algunas páginas y ya no ha podido devolverlos a su lugar. Deben ir con ella a casa.

Se dispone a salir de la tienda. Mientras se dirige hacia la caja, un diseño de encuadernación en colores alegres llama su atención. El proceso se repite de nuevo. Contraportada. Primer capítulo. Hojeada. Se detiene en algunos pasajes. Bingo.


"Eran las siete de la tarde. No era una hora taurina, pero Bienvenida Castaño se encontraba como si fuese un matador, un torero agotado por la faena. Pero a ella nadie la sacaba a hombros y desde luego, no podía bajar corriendo las escaleras de un hotel y contar cómo se había cepillado a Ava Gardner"

Susana Pérez-Alonso



La autora flirtea con ella en La vida es corta pero ancha, la atrapa con Nada te turbe ¿Será con Mandarina capaz de conquistarla?

Ella se hace la dura pero no puede disimular que la autora le gusta. Le gusta mucho. Le cae muy bien. Sobre todo por esa fantasía que tiene con Arturo Pérez-Reverte y que cuenta con tanta gracia aquí, en su blog.

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posted by Tamaruca at 8:54 AM | 37 comments