February 25, 2009
Lista de cosas pendientes de hacer antes de morir.
Diseñar y navegar un achipenco.

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posted by Tamaruca at 10:49 AM | 22 comments
December 10, 2008
Cuando abrí los ojos a la mañana siguiente, la habitación seguía dando vueltas. Me incorporé lentamente y apoyé los pies en el suelo. Nada. El temblor también persistía así que opté por volver a esconderme bajo el edredón y murmuré:

-Jorge, se acabó. Hoy no pienso hacer nada. Y cuando digo nada, es nada. Como mucho me desplazaré de la cama al sofá, cogeré alguna novela o miraré la televisión. Pero nada más. Nada.
- Zzzz... io..tmpco...zzzz...

Deduje él también estaba agotado. No me extraña. Nuestra jornada previa había consistido en: madrugón a las 5:00 de la mañana, cruzar en coche Fuerteventura de sur a norte para coger el ferry en el puerto de Corralejo, viaje en barco hasta el puerto de Playa Blanca en la isla vecina, cruzar Lanzarote hasta llegar a su capital, Arrecife, entrevista laboral, gestiones varias (a todo correr para volver a tiempo al ferry), de nuevo cruzamos Lanzarote hasta el puerto, de nuevo viaje sobre el Atlántico hasta Corralejo en Fuerteventura, cruzamos la isla de norte a sur esta vez, carrera hasta el aeropuerto para facturar maletas, carrera hasta el aparcamiento para devolver el coche de alquiler, carrera para embarcar en el avión hacia Madrid, última llamada a los pasajeros del vuelo... y aún nos dio tiempo de comprar varias colonias de regalo, tres horas de turbulencias sobre el océano, pugna por un taxi en el aeropuerto de Barajas, el taxi por que el que peleamos se pierde por la capital y tarda una hora en llevarnos a nuestro destino, recuperamos al fin nuestro coche y...

Ya sólo quedaban tres horas de autovía hasta Zaragoza.

Bueno. Llegábamos a casa cerca de las dos de la madrugada. Créanme si les digo que, después de estar tantas horas desplazándonos a toda velocidad sobre vehículos con mayor o menor movimiento, al pisar "tierra firme" la sensación que teníamos era de ¡que el suelo vibraba! Al tumbarnos en la cama, el piso empezó a girar y girar, a dar vueltas y más vueltas... Jorge se durmió en el acto, pero a mí me resultó imposible. Pensaba que me iba a caer de la cama en cualquier momento.

Por eso al día siguiente, nos convertimos en marmotas. Toda la mañana en la cama. Toda la tarde en el sofá.

- ¿Vemos una peli? -preguntó desde la otra esquina del sillón mientras engullía algo con nocilla.
- Vale -respondí escondida tras las tapas de "Solsticio de invierno" una novela de Rosamunde Pilcher -, elige tú.

¿Elige tú? ¿Elige tú? ¡Qué dices, Tam! ¡Rectifica! ¡Rectifica! ¡Rápido!

- ¿Vemos Star Wars? Tschun, chun, chun, chun, chuchún, chun, chuchúnnn...
- Emm... -horror-Pues... -no escarmiento- ¿Esa no las has visto ya cientos de veces? ¿No hay otra opción?
- Bueno, pues vemos Driven.
- ¿Driven? -¡socorro!
- Sí es de coches. Sale Stallone.
- Venga, ponla -¿quién tiene fuerzas para discutir hoy?

Y la vimos.

Indescriptible.

Lo trágico es que no me quejé porque eso habría supuesto tener que levantarme del sofá, discutir con Jorge, elegir otro DVD y cambiarlo.

Un esfuerzo demasiado grande.


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posted by Tamaruca at 6:27 PM | 25 comments
November 24, 2008
Al acecho. Esa es la expresión que aparece en mi mente siempre que Ariel, mi vecina del patio interior, se asoma rauda a la ventana en cuanto salgo a tender. Al acecho.

- ¡Buenos días, Tam! ¿Cuándo habéis vuelto? ¿Anoche? ¡No os oí llegar! ¿Cuántos días os quedáis esta vez? ¡Todo ropa de tirantes! ¿Tanto calor hacía allí?
- Hola Ariel, cómo estás...
- ¿Os bañasteis? ¿Ya habéis encontrado casa allí? ¿Cómo es aquello? ¡Cada vez venís menos! ¿Hasta cuándo este ir y venir? ¿Pasaréis aquí las Navidades? ¿¿No te vuelves loca con tanto viaje??
- Eso digo yo -exclamé con ironía-, no sé cómo no me vuelvo loca.

No captó la indirecta. Me consta porque, no sólo no cesó su interrogatorio sino que continuó observándome mientras colgaba la ropa húmeda a la vez que me contaba lo acaecido en su vida las últimas semanas, intercalando frases del tipo: "Qué mal tiendes", "Eso así no se te va a secar en mil años", "Tienes que tirar esa birria de pinzas" o "Te sale la ropa tan arrugada porque no has bajado las revoluciones de la lavadora tal y como te dije".

Ariel, aunque joven, es una mujer de la antigua escuela: es decir, nunca ha trabajado fuera de casa. Salió del núcleo familiar para ir a vivir con su marido y tuvo dos hijas preciosas a las que mima y protege de modo alarmante. A veces la observo dando vueltas por su piso, inmaculadamente limpio y ordenado, y pienso que se aburre mucho. Otras veces, sin embargo, creo que no podría ser más feliz llevando otro tipo de vida. Y qué demonios, yo también me aburro soberanamente en la oficina la mitad de los días.

- A mí me encantaría ir, la verdad... -continuó su monólogo- pero como a mi marido le da tanto miedo volar, pues nada, en tierra que nos quedamos. En vacaciones sólo podemos coger coche o tren, avión jamás.
- Pues vente tú sola. O con las niñas.
- ¡Qué dices! ¿Qué haría una mujer sola subiendo y bajando de los aviones?
- ¿Lo mismo que yo? -respondí algo indignada.
- Claro, pero es que tú -aquí hizo una pausa solemne, enarcó las cejas con expresión altiva-, eres diferente -y apostilló-. Yo no podría.

¿Ese diferente sería sinónimo de estás más acostumbrada, eres más atrevida, eres un poco golfa? Mejor no darle vueltas...

- Pues tú te lo pierdes Ariel, hay unas playas impresionantes.
- ¿En serio?
- Increíbles, preciosas, enormes... Figúrate: hay camellos paseando por allí.
- ¡No me digas! ¡Imposible!
- Te lo prometo. Y tengo pruebas.
- ¿De verdad? ¿Tienes fotos? ¿Me las enseñas?
- Venga, vale. Pásate a mi casa que las tengo en el ordenador.


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posted by Tamaruca at 10:33 AM | 32 comments
August 20, 2008
Cuando le confesé a Jorge que me encantaba el mar, creo que me entendió mal. El mar, dije. El mar. Las cálidas puestas de sol sobre el mediterráneo. El reflejo plateado de la luna en la superficie. Baños al amanecer, el agua en calma, cristalina; bancos de pececillos haciendo cosquillas en los pies. Pasear en bici mientras disfrutas del paisaje de la costa. Dejarse maltratar por las olas cuando el mar está rabioso. El mar, dije. El mar.

Por eso, cuando lo vi aparecer esta mañana en el dormitorio ataviado con sus chanclas, gafas de sol, bañador azul celeste, hamacas, colchoneta, palas, refrescos, patatas fritas y aceite de protección solar, empecé a pensar que no había elegido un buen marido.

- No pienso bajar a la playa -bufé cual gato que sospecha llegó la hora del baño-. Yo nunca, jamás, bajo ningún concepto, bajo a tomar el sol a la playa. Lo odio.
- Anda ya -respondió él sorprendido- ¡Pero si me dijiste que te encantaba la playa!
- No. Te dije que me encantaba el mar. El mar. Nada que ver con la playa. Odio la playa y más en agosto. La odio.
- Pero, ¿por qué?
- No soporto la arena, me pica el cuerpo sólo de verla. En realidad lo que me enferma es ver lo sucia que está, cómo hay gente que la llena de envoltorios de helados, latas, colillas, chicles y demás porquerías, esa gente que huele a una mezcla de sudor, chiringuito y cremas pringosas, los mismos que se meten en el mar hasta la altura de las nalgas para descargar fluidos corporales. No puedo con ello, me muero del asco.

Jorge escuchó paciente mi perorata. Dejó el cubo con la pala y el rastrillo en el suelo y se asomó al balcón. Después de observar durante varios minutos el ambiente en la orilla con cara de niño castigado, volvió a mi dormitorio.

- Bueno Tam, hay que tratar de encontrar una solución porque a mí me encanta la playa, sobre todo lo de tumbarme al sol como una lagartija. Se me ha ocurrido una idea, ahora vuelvo.

Y desapareció escaleras abajo.

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posted by Tamaruca at 11:28 AM | 65 comments
February 4, 2008
Crucé en cuatro zancadas el andén de la estación de Atocha. Vía 1. Coche 3, asiento 6B. El vagón de tren que me llevaría hasta Zaragoza estaba completo y hacía un calor asfixiante. Me pone de mal humor viajar en transporte público. A cualquiera que mida un metro noventa de estatura y pese 100 Kg le agriaría el carácter levantarse a las 6:00 de la mañana para embutirse en un espacio máximo de un metro cúbico durante más de una hora. Y luego estaba el asunto de las tarjetas. Menudos incompetentes. Ahora era Mauricio Albornoz. Arquiteto. Impreso 400 veces. Con un par.

Me acomodé a duras penas en el asiento de pasillo. Las rodillas chocaban contra el sillón de delante cortándome la circulación, así que opté por abrir las piernas. No fue una buena solución. Además de despertar al abuelo que dormitaba junto a la ventanilla, parecía que yo estaba dando a luz; las ingles me tiraban muchísimo, el calzoncillo se descolocó y pude sentir cómo la etiqueta de aquel estúpido pantalón de traje me arañaba los testículos. El escozor era soportable si y sólo si permanecía completamente quieto. Únicamente así el dolor me daba tregua.

No hacía ni un minuto que había encontrado la posición correcta cuando apareció una chica rubia con botas altas y la nariz metida en una lectura.

- Este es mi sitio -dijo sin mirarme siquiera. La voz atravesó la portada de un libro azul. Había visto aquella novela en alguna parte. El niño con el pijama de rayas. Quizá en algún escaparate, no sé. El tren arrancó y ella seguía de pie a mi lado, con el rostro oculto tras las páginas. Se quitó el abrigo despacio sin dejar de leer. Llevaba unos vaqueros muy ajustados dentro de las botas.

- Perdona, ¿puedo sentarme? -repitió. No sabría explicar el motivo pero me enfadé. Era una creída. Me enferman estas tías prepotentes que van de intelectuales. Me enferman. Por muy altas que sean sus botas. Desencajé el culo de mi silla y me incorporé a regañadientes.

- ¿Estás segura de que es tu asiento? -Nada más terminar de decir esta frase me di cuenta de que me había excedido en el tono. Ella apartó el libro un segundo, me miró fijamente a los ojos y me respondió muy seria.

- Si esto es un concurso para saber quién está de peor humor, apuesto todo a la rubia.

Observé en silencio cómo dobló su abrigo y lo colocó en el altillo sin apartar los ojos de las letras. Se sentó y siguió devorando papel. No me apetecía nada estar cerca de semejante antipática así que caminé hacia el vagón cafetería. Una vez allí comprobé mi billete. 6B. Joder. Ese era mi sitio. Mi sitio. Se iba a cagar. La muy...

- Oye bonita -le espeté-, que te has equivocado. Este es mi sitio -expliqué ufano y en voz muy alta para que todas las personas que viajaban cerca se enterasen-. Mi sitio -e interpuse mi billete entre los ojos de la joven y el texto-. El 6B. Coche 3, 6B.

Ella no se inmutó. Apartó mi billete de su libro como quien espanta una mosca y señaló hacia la puerta. Qué. Qué hay en la puerta. Próxima parada, Guadalajara. Coche 4. Coch...

(...)

Vale. Este es el coche 4 y yo soy arquiteto.

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posted by Tamaruca at 1:15 PM | 58 comments
January 14, 2008
- Tam...
- (...)
- ¿Tam?
- (...)
- ¡Tam!
- ¡Shh, calla!
- ¿Qué haces?
- Escuchar la historia de las baldosicas del suelo.
- ¿De las qué? Eres más de pueblo que las amapolas, ¡jajaja!
- ¡Tonto! Sé perfectamente que se llaman teselas y conforman un mosaico. ¡Además, es peor lo tuyo, que has comparado el circo romano y las carreras de cuádrigas con el primer circuito de Fórmula 1!



¿Es peor lo suyo, no? Por favor, díganme que es peor lo suyo.

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posted by Tamaruca at 2:19 PM | 43 comments
January 10, 2008



- Ave María purísima...
- ¿Quién hay ahí?
- Soy yo, la flor de tu izquierda, la nueva. Quiero confesarme y me han dicho arriba que tú habías sido cura y...
- ¿Ahora?
- A poder ser... Es que estoy super aburrida. ¿Ave María purísima?
- Sin pecado concebida. ¿Qué te ocurre, hija?
- Estoy agobiadísima de ver pasar turistas, empiezo a odiarlos. ¿Siempre hay tantos? ¿Dónde estamos exactamente?
- En la entrada hacia la Capilla Sixtina. Hay mucha gente todos los días, sí. Pagan catorce euros por cabeza, qué te parece.
- Que ojalá tuviera todavía mi cabeza...
- Ya... Bueno, no sirve de mucho lamentarse. ¿Cuántos años debes purgarte en esta columna?
- Un par, me han dicho. Dos años con estos pétalos ridículos e incrustada en piedra, snif...
- Podría haber sido peor. Mira ese de ahí, le ha tocado ser hoja de parra.
- Pffss...



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posted by Tamaruca at 4:22 PM | 43 comments
January 6, 2008


Porque claro, aunque una desde su más tierna infancia se caracterice por su escepticismo, pues la llevan con 16 añitos a recorrer Italia y la deslumbran. Y si la colocan frente a la grandiosa Fontana di Trevi mientras le cuentan la preciosa leyenda de la moneda que lanzada hacia atrás concede deseos, pues va y se lo cree (porque para eso está la edad del pavo, para creerse esas cosas y algunas más).

Así, la púber ilusa coge su entonces moneda de 5 pesetas, se coloca de espaldas al monumento y tira su calderilla con toda su alma porque, en el fondo, cree de veras que de ese modo volverá a Roma, regresará a aquella ciudad sin un horario marcado, sin un autobús esperando, sin una tutora supervisando. Volverá a Roma con quien a ella le pase por los... (perdón, disculpenme, es la pasión de la adolescencia). Ella sabe que volverá.

Lo gracioso es que 10 años después, una se ríe de sí misma y de su estupidez al realizar aquel gesto absurdo con tanto fervor. Qué ridículo. Si incluso cerró los ojos para concentrarse más en la formulación del deseo. Menos mal que nadie se acordaba ya de aquello. Menos mal que...






Menos mal que nada. Que no he dicho nada. Que os acordéis de cerrar muy fuerte los ojos cuando formuléis vuestros deseos. Para concentraros mejor y eso.



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posted by Tamaruca at 9:50 PM | 61 comments
December 21, 2007


Como viene siendo habitual, desaparezco de nuevo unos días y prometo contarles a la vuelta con tranquilidad. No creo que pueda asomarme por aquí hasta el año que viene, ando fatal de tiempo.

Si todo va bien, tomaremos las uvas junto a la Fontana di Trevi y pediremos muchos deseos, a ver si este año se cumplen algunos. ¿Tienen ustedes algún encargo? Recogida de monedas virtuales en la sección comentarios. Gracias.


Con todo mi cariño, felices fiestas a tod@s.

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posted by Tamaruca at 7:40 PM | 51 comments
December 18, 2007
 
posted by Tamaruca at 8:56 PM | 27 comments
November 25, 2007
La ausencia de señales -o la incapacidad para descifrarlas- suele ser un problema. Impera la obligación de vencer a la duda subiendo a un tren con destino incierto ya que, es sólo desde dentro, donde uno siente la calidez o la frialdad, cuando uno descubre si se ha equivocado o no.




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posted by Tamaruca at 1:46 PM | 49 comments
November 15, 2007
Mi trabajo como cuidador del Templo de la diosa Atenea (Athena Pronaia) en Delfos, consiste en no permitir que los turistas se acerquen demasiado a las ruinas y evitar que las toquen, así que me paso la vida gritando en inglés: "Don´t touch!" Grupos de extranjeros pasean por el sendero marcado, observando el Tholos con cara de aburrimiento y bostezando como única respuesta a las explicaciones de sus guías. En ocasiones incluso tratan de firmar en las columnas, estropear la historia con absurdos graffitis. Supongo que algunos, cuando miran, no ven más que un montón de piedras.

"¿Hubo aquí muchos terremotos, verdad?" -me preguntaron las jóvenes que jugaban con los gatos. Al parecer venían solas, viajaban a su aire. "¿Por qué en el monte sólo hay olivos y cipreses? ¿Antes no había laureles?" -se interesaban. Y yo respondía entusiasmado, explicándoles a duras penas en mi inglés macarrónico lo poco que sé. Porque nunca se sabe demasiado. Y ellas me observaban tan sonrientes y atentas... ¡Qué demonios! Total, no había nadie allí. Abrí las cuerdas que impiden el paso, las cogí de la mano y las invité a acariciar los muros del Templo. "¿Sentís la energía de la piedra?" No hizo falta que me respondieran; sus rostros reflejaban todo. Las fotografié juntas junto al altar, cogí para ellas unas ramitas del olivo que crece junto a la entrada principal mientras les relataba algunas leyendas sobre mitología; les regalé una flor amarilla a cada una y las jóvenes la guardaron con cuidado en un libro. "¡Efharisto!" -repetían cariñosas. "Nunca olvidaremos este día" -afirmaron emocionadas al despedirse. Todavía no habían comido a pesar de que les encantaban algunos platos típicos de nuestra gastronomía.

Las observé alejándose por el sendero... Yo tampoco olvidaré aquel día.

¿Las cinco de la tarde y sin comer? ¡Por Zeus, españolas tenían que ser!




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posted by Tamaruca at 11:13 AM | 27 comments
November 13, 2007
Eran cerca de las 4:30 cuando cerré las verjas laterales del Templo. A esas horas ya no quedan turistas. Y menos ahora, en noviembre, que anochece tan pronto.

Bajé despacio la ladera del monte Parnasos hasta la caseta, como cada día, para buscar la comida de los gatos de Delfos. ¡Loloooh! ¡Aéginaaah! ¡Poseidoooón! Llamé una y otra vez. ¡Loooloooh! ¡Aeginaaaah! Sin embargo, no aparecían. ¡Loooloooh! (...)

Entonces las vi. Podrían ser de cualquier lugar. Una de ellas recogía piedras del suelo. La otra regalaba mimos a los felinos; los tenía completamente hipnotizados, tanto que ni siquiera acudían a mi llamada. Tuve que acercarme mucho para que Lolo, Aégina y Poseidón olieran su almuerzo y renunciasen a las caricias de aquella joven.

¿Le importa que le dé el pecho aquí? -leí en la guía que me mostraba la chica que recogía piedras. Ah, no. Parecía haberse equivocado. ¿Cómo te llamas? -señaló azorada un poco más arriba en la misma página. Ahora sí. Bassilis -respondí. ¿Italia? -aposté. ¡Casi! -contestaron al unísono. Fallé. Al parecer, estas rubias tan sonrientes venían de España.





Continuará...

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posted by Tamaruca at 4:21 PM | 21 comments
November 11, 2007

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posted by Tamaruca at 12:35 PM | 68 comments
October 31, 2007
Volveré.
Siempre vuelvo.
Les echaré de menos, lo sé.
¿Me esperan y al regreso les cuento?


Siento desaparecer tan repentinamente; han sido días de mucho trabajo y compromisos y apenas he podido atender el blog. Espero volver renovada y con muchas historias que contar. Cuidaos, por favor. ¡Hasta pronto!
.

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posted by Tamaruca at 11:34 AM | 63 comments
July 4, 2007

Hay cosas que uno no puede evitar hacer por mucho que pasen los años. Espantar las palomas de la plaza del Pilar, por ejemplo, es una de ellas. Caminar por encima de las rejillas de ventilación del barrio de la Berceloneta, es otra. ¿Debería llevarme una falda de vuelo para pasear este fin de semana por Barcelona?

De nuevo enlazo viaje de trabajo con escapada de fin de semana así que, ¡os cuento el domingo!


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posted by Tamaruca at 12:48 PM | 60 comments
June 28, 2007
En algún momento de este viaje, en alguna nueva conexión a internet con o sin cable, durante la exposición de alguno de los power-point, simultáneamente al recibo de algún correo urgente, mientras el tren me acercaba a Madrid o cuando volaba hacia Bilbao, se me ha perdido la Papelera de reciclaje.

Ese maravilloso icono que aparecía en mi escritorio y que tanto me divertía vaciar, ya no está. Así, de pronto. Pumba. Y desapareció.

No es que se haya escondido en algún lugar de mi portátil. No. Me ha abandonado para siempre. No está en mis archivos. En la búsqueda se obtienen 0 resultados.

Lo terrible es que ninguna de las causas que enumera esta web de ayuda tiene que ver con mi caso. ¿Quizá sea porque utilizo la versión Windows Vista?

¡Socorro! ¿Qué ocurre ahora con mis archivos eliminados? ¿Se me está acumulando la basura en algún lugar virtual imposible de limpiar o tal vez mi porquería va diréctamente hacia la nada? ¿Estará mi pobre Papelera de reciclaje secuestrada, asfixiada de mierda y llorando mi ausencia? ¿Cómo puedo recuperarla?




¿¡Tam, dónde estáaas!?
¡¡Me ahogooo!!


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posted by Tamaruca at 9:42 AM | 49 comments
June 24, 2007
Cuestiones laborales me mantienen de nuevo alejada de la blogosfera esta semana, así que no os veo hasta el...
- ¡Taaam! ¿Ya estás?
- ¡Nooo! ¡Un momento!


Como os iba diciendo, espero volver ya el...

- ¿Y esa montaña de zapatos de ahí?
- ¡Son para meter en la maleta roja pequeña!
- ¿Todos? ¿Estás loca? ¿En sólo tres días de feria vas a usar todo esto?

Un momento, ahora vuelvo, que me está revolviendo las sandalias y no hay cosa que me ponga más nerviosa.


- A ver, todos igual no. La mayoría.
- Estos son horribles. ¿No se tequedan los pies como puntas de lápiz con
ellos? Si le das una patada a alguien le haces un agujero.
- Esos no que son del año pasado, y todavía no he agujereado a nadie pero
no me tientes. Aquellos. Pásame aquellos de ahí.
- ¿Los del floripondio? Estos aún son más horrorosos. ¿Cómo puedes caminar
con semejante tacón?
- No son para caminar, son para estar sentada con las piernas cruzadas, listo. ¿Por qué odias todos mis zapatos? Venga, elígeme tú unos.
- Estas sandalias me gustan mucho, tienen morbo, con la pulserita atada al tobillo...
- ¿Las Gildas? Me las llevo puestas, ¿vale?

- ¿En serio? ¿Las que yo te he dicho?
- Si, son muy cómodas.

- ¿He acertado entonces? ¿Me estoy apijotando? ¡Jajaja!
- Eso es imposible, antes me amacarraré yo.

- ¡Jajaja!


Bueno, ya estoy con vosotros. Que nada, que el viernes os leo. Que tengo que plegar el portátil y terminar de prepararme las cosas.

¡Que paséis muy buena semana!

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posted by Tamaruca at 3:42 PM | 42 comments
June 8, 2007
Me levanté muy temprano para estudiar. No necesito despertador. Pertenezco a ese reducido grupo de personas que se despiertan espontáneamente con los primeros rayos de sol. Una suerte los días libres en el trabajo para poder centrarme en los exámenes.

A las 10 de la mañana el calor empezaba a ser axifisiante, las paredes de la casa comenzaron a temblar y frente a la nueva amenaza de derrumbe decidí dar un paseo y despejarme.

Recordé algo que había visto en FNAC con mi amigo Peter Pain. Cuando una película me gusta, me hace ilusión tener el DVD original así que con este capricho en mente me fui en busca de "Little Miss Sunshine"

La Plaza Aragón estaba abarrotada de gente; sandalias, zapatos de tacón, deportivos y náuticos desplazándose deprisa sobre los pasos de cebra. Porque si logras pasar el primer cruce de Pº Constitución lo suficientemente rápido, llegas al segundo con el semáforo intermitente. Y esos son trucos que todos los de aquí sabemos.

En el Pº Independencia sólo faltaban algunas mesas de una terraza por colocar. Todavía estaba expuesta la maqueta del tren y el stand informativo de PLAZA, la plataforma logística de Zaragoza. Un poco más adelante, la feria del libro. Asumí en ese momento que me iba a demorar más de lo previsto. Y es que, aunque falten aún un par de semanas para la llegada oficial de la estación estival, ya es verano en mi ciudad.


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posted by Tamaruca at 12:01 PM | 45 comments
May 9, 2007
...
Él conduce. Ella le guía.

Cruzan un puerto de montaña, descienden al valle y vuelven a subir. Siempre por carreteras secundarias. Durante el viaje, ella relata anécdotas de su infancia y adolescencia.

- Ahora ve despacio que si no, se nos pasará el desvío.
- Vale. Esta canción me encanta...




- A mi también. Ya casi estamos, ¿ves la arboleda al final de esta curva? Frena un poco.
- Sí. No te pongas nerviosa, tonta. Tengo muchas ganas de conocer a tus amigos, a tu perra, ver la casa dónde has crecid...
- Aquí, gira.
- ¿Aquí? Pero si no hay carretera, ¿estás segura?
- Claro, hay que ir por el camino de piedras hasta el cementerio. Hazme caso.
- Joder, pero si vamos atravesando campos...
- ¡Mira! ¡Ese es el tractor de mi tato!
- ¿Tu tato tiene un tractor?
- ¡Sí claro! Tiene dos. Esta tarde te llevo a dar una vuelta en el amarillo que es descapotable ¡jajaja!
- ¿Sabes conducir un tractor? Joder. Esto es como vivir en una realidad paralela. A tu amiga Sandra, ¿la conociste aquí?
- Aham... Es la hija del lechero. ¡Ya hemos llegado casi! ¡Nala! ¡Nalaaa! ¡Es mi perra! ¡Mira cómo viene corriendo a saludarnos! ¡Nalaaaaaa!
- Joder niña, pero esto es precioso.
- ¿Te gusta? ¿De verdad?
- Nunca habría imaginado nada ni remotamente parecido al conocerte.
- ¡Jaja! Lo sospechaba. He cambiado mucho. O no. Quien sabe. ¿Las personas cambian? Puedes aparcar aquí mismo. Ésta es la casa.
- Joder, tal y como la describes. Me encanta.
- ¿Ves como es de piedras de verdad?
- Y con chimenea.
- ¡Sí!






- ¿Nunca dejarás de sorprenderme?
- Espero que no.

(...)
.

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posted by Tamaruca at 11:50 AM | 53 comments