January 28, 2008
Felipe aparcó su moto muy temprano frente a la sala fitness. Era su primer día como monitor en el gimnasio de aquel polideportivo y estaba algo nervioso. David, el profesor de spinning, había abandonado el puesto de un modo tan repentino que no habían tenido apenas tiempo de explicarle nada. En teoría no debía preocuparse, antes de la hora de apertura al público podrían enseñarle todo con tranquilidad.
Cuando Felipe empujó la puerta de cristal, la sala estaba completamente iluminada y una chica enfundada en un chándal morado pedaleaba frenéticamente al ritmo de la música.
- ¡Hola! -saludó él.
- ¡AAAAAAAHHHHHHHH! -gritó ella aterrorizada, dio un salto desde la bici y corrió hacia las espalderas.
- ¡Joder, qué susto! -replicó él- Tampoco soy tan feo, ¿no?
- No... Es que no te había visto. A estas horas sólo estamos David y yo... ¿Y David? ¿Ya no viene esta semana?
- No, empiezo yo hoy. Tú eres quien me va a explicar cómo van las clases, ¿no?
- Pues no.
- ¿Ah no?
- No.
- ¿No trabajas aquí?
- Claro que no.
- Entonces, ¿qué haces aquí?
- Pedalear, hasta que has llegado tú a interrumpirme.
Felipe suspiró, se armó de paciencia y formuló de nuevo la pregunta, a ver si con un poco de suerte lograba entablar una conversación lógica con aquella individua.
- Lo que me preguntaba era cómo habías conseguido entrar en la sala.
- Pues por la puerta. De momento no he logrado atravesar paredes.
- Pero, pero... -el nuevo empezaba a desesperarse- ¿Quién te ha abierto?
- Yo.
- ¿Tú? ¿Con qué llave?
- Con una plateadita.
Tras una respuesta tan contundente, ella volvió tranquilamente a su bicicleta.
- ¿Esto es normal? - insistió él incansable- Quiero decir, ¿todos los clientes tienen llave?
- ¡Cómo van a tener llave si son clientes! -exclamó ella dando un respingo- No te enteras, ¿eh? Sólo los monitores tenéis llave. Por cierto, ¿tu nombre era...?
El nuevo tardó unos segundos en responder. Observó el techo probablemente en busca de alguna cámara oculta. Ella contenía la risa.
- Felipe. Me llamo Felipe. ¿Y tú?
- Puedes llamarme Tam. ¿Puedo llamarte Flip?
- Emm...
- Gracias Flip. Si me permites voy a terminar mi tabla, es que no puedo llegar tarde a trabajar hoy.
- Muy bien -respondió resignado.
Minutos más tarde, uno de los socios del gimnasio mostraba a Felipe las instalaciones del complejo deportivo, acordaban horarios de clases, etc.
- ¡Flip! ¡Flipper! -llamó ella cuando se cruzó con ellos camino de las duchas -Gracias por abrirme hoy, ¿mañana a la misma hora?
- Vale... -respondió él por pura inercia.
Al cabo de un rato, reaccionó. Con cierta inseguridad, se atrevió por fin a preguntarle a su nuevo jefe. Su curiosidad era mayor que su prudencia.
- Disculpe señor Apellidez pero, ¿quién le ha abierto hoy la puerta a esa chica que...?
- Pues tú, ¿no?
(...)
¿Continuará? ¿Osará Flip volver a ese gimnasio de locos? ¿Por qué abandonaría David su puesto tan repentinamente? Próximamente, en sus comentarios.
Cuando Felipe empujó la puerta de cristal, la sala estaba completamente iluminada y una chica enfundada en un chándal morado pedaleaba frenéticamente al ritmo de la música.
- ¡Hola! -saludó él.
- ¡AAAAAAAHHHHHHHH! -gritó ella aterrorizada, dio un salto desde la bici y corrió hacia las espalderas.
- ¡Joder, qué susto! -replicó él- Tampoco soy tan feo, ¿no?
- No... Es que no te había visto. A estas horas sólo estamos David y yo... ¿Y David? ¿Ya no viene esta semana?
- No, empiezo yo hoy. Tú eres quien me va a explicar cómo van las clases, ¿no?
- Pues no.
- ¿Ah no?
- No.
- ¿No trabajas aquí?
- Claro que no.
- Entonces, ¿qué haces aquí?
- Pedalear, hasta que has llegado tú a interrumpirme.
Felipe suspiró, se armó de paciencia y formuló de nuevo la pregunta, a ver si con un poco de suerte lograba entablar una conversación lógica con aquella individua.
- Lo que me preguntaba era cómo habías conseguido entrar en la sala.
- Pues por la puerta. De momento no he logrado atravesar paredes.
- Pero, pero... -el nuevo empezaba a desesperarse- ¿Quién te ha abierto?
- Yo.
- ¿Tú? ¿Con qué llave?
- Con una plateadita.
Tras una respuesta tan contundente, ella volvió tranquilamente a su bicicleta.
- ¿Esto es normal? - insistió él incansable- Quiero decir, ¿todos los clientes tienen llave?
- ¡Cómo van a tener llave si son clientes! -exclamó ella dando un respingo- No te enteras, ¿eh? Sólo los monitores tenéis llave. Por cierto, ¿tu nombre era...?
El nuevo tardó unos segundos en responder. Observó el techo probablemente en busca de alguna cámara oculta. Ella contenía la risa.
- Felipe. Me llamo Felipe. ¿Y tú?
- Puedes llamarme Tam. ¿Puedo llamarte Flip?
- Emm...
- Gracias Flip. Si me permites voy a terminar mi tabla, es que no puedo llegar tarde a trabajar hoy.
- Muy bien -respondió resignado.
Minutos más tarde, uno de los socios del gimnasio mostraba a Felipe las instalaciones del complejo deportivo, acordaban horarios de clases, etc.
- ¡Flip! ¡Flipper! -llamó ella cuando se cruzó con ellos camino de las duchas -Gracias por abrirme hoy, ¿mañana a la misma hora?
- Vale... -respondió él por pura inercia.
Al cabo de un rato, reaccionó. Con cierta inseguridad, se atrevió por fin a preguntarle a su nuevo jefe. Su curiosidad era mayor que su prudencia.
- Disculpe señor Apellidez pero, ¿quién le ha abierto hoy la puerta a esa chica que...?
- Pues tú, ¿no?
(...)
¿Continuará? ¿Osará Flip volver a ese gimnasio de locos? ¿Por qué abandonaría David su puesto tan repentinamente? Próximamente, en sus comentarios.
Labels: Her sports
posted by Tamaruca at 3:11 PM |
47 comments






