January 21, 2009
Dejó el carrito de limpiezas aparcado a un lado, subió las escaleras con agilidad y se sentó a su lado en la terraza. Mientras anudaba con fuerza el cordón de sus botas, escudriñó entre los apuntes y libros que tenía extendidos por toda la mesa. La nueva inquilina, una rubia delgaducha de cabello enmarañado, escribía algo en inglés con letra ininteligible. Terminó de arreglarse el calzado, estiró de sus calcetines, levantó la visera de su gorra de tweed y la observó detenidamente. Primero a ella, después a las personas que rodeaban la piscina en sus tumbonas. Después a ella, de nuevo la piscina. Otra vez a ella y...

- A ti no te gusta tomar el sol, ¿verdad? -le dijo.
- Chica lista -respondió la joven guiñándole un ojo.
- Estás tan blanquita...
- ¿Sería más feliz marroncita?

Mila rió con ganas. Había trabajado en esa urbanización plagada de ingleses y alemanes durante más de cuatro años y ahora, la recién llegada, le parecía todo un fichaje. Por respuestas de ese tipo y por algunos detalles más. Le gustaba por todo aquello por lo que a los demás, en general, no les gustaba. Como su música, sus cortinas naranja chillón, su modo de romper la estética y la monotonía. Recordó el día que hizo quedar como un tonto al odioso Mr. Jules. O cuando logró callar al chucho irritante de la familia Holmes dándole un yogur de coco. O lo mejor, cuando la pilló junto a su marido saltando con tacones de aguja la verja de aquellos chalets de lujo... aunque eso ella no se lo había contado a nadie.

Pareja intrigante, había que reconocerlo.

- ¿De dónde sois?
- ¿Tú qué crees?

Mila pensó durante unos segundos.

- Tenéis acento de ninguna parte. Tanto tú como Jorge.
- Eso dicen, sí. Pues justo de ahí, sí, de ahí somos. De ninguna parte. Total, vamos de lado a lado... Por cierto, me gusta tu gorra. ¿Es de lana escocesa?
- Puede ser, me la regaló una señora de Inverness -comentó ufana-, la de la casa C4. La limpio también, cuando no están ellos.
- ¿Ah, sí? -exclamó la joven con repentino interés.
- Sí, claro. Además de la piscina y los jardines de la urbanización, cuido algunas casas. Los dueños me dejan sus llaves y...
- ¿¿Tienes llaves de casas de aquí??
- Ahá...
- ¿¿Y las tienes contigo en este momento??
- Ahá...

La jardinera estaba disfrutando con la escena. Miraba a la joven que, visiblemente excitada, empezó a recoger rauda sus apuntes. Cerró sus libros y los apiló. Metió los lápices en el estuche, se volvió hacia Mila y agarrándola fuerte del brazo, casi imploró.

- Enséñamelas.
- ¿Las tetas? Qué iba a pensar Jorge...
- No boba, eso después. Primero las casas. Las casas de los guiris que no están. Por favor... No se lo diré a nadie. Lo prometo. Palabrita del niño Jesús.
- ¿Te gusta ver casas ajenas?
- Todos tenemos un oscuro secreto, ¿no?

Volvió a reír con ganas. Algo le hacía sentir que podía confiar en ella. Se habían caído bien desde el principio, eso era innegable. ¿Debería confesarle que la vio saltar al interior de aquel chalet con nocturnidad y alevosía?


Tal vez más adelante...






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posted by Tamaruca at 11:15 AM | 26 comments